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¿En que consiste el bullying? un poco de historia…

El término Bullying, es característico de los países anglosajones. La traducción literal del inglés sería “matonismo” o “agresión o intimidación física” (Piñuel y Oñate, 2007). Es un término reduccionista, es decir está únicamente referido al ámbito escolar y enfocaría a dicho acto, como un maltrato predominantemente físico.

Desgraciadamente, este término empieza a estar “de moda” en nuestro país y en los principales países occidentales, debido a los numerosos casos de persecución y de agresiones que se están detectando en las escuelas y en colegios y que están llevando a muchos escolares a desarrollar una conducta de terror ante situaciones sociales con sus compañeros.

Según Cerezo (2009), definimos el bullying como una forma de maltrato, intencionado y constante de uno o varios estudiantes hacia otro igual, con una serie de características que le definirían como frágil o débil, pudiendo convertirle en una víctima habitual, sin que ésta sea capaz de defenderse y pueda salir satisfactoriamente de esa situación, fomentando su aislamiento por el grupo de iguales.

En castellano, el termino Bully se sustituye por lo que conocemos como acoso escolar o maltrato entre iguales (Ortega, 2010).

El primer caso sobre acoso escolar registrado, fue en la Península Escandinava, en 1969, a raíz del suicidio de un estudiante motivado por el acoso continuado por parte de sus compañeros. No es de extrañar los países de dicha península (Suecia y Noruega) fueran el origen o la “cuna” de las investigaciones pioneras sobre esta problemática, (Cerezo, 2008).

Durante 1972, Olweus, el pionero de las investigaciones sobre acoso escolar, comienza a identificar el problema, centrándose sobre todo en 1983 con un caso en el que tres escolares se suicidaron tras ser acosados por sus compañeros.

En España empezó a surgir la alarma política y social acerca de este fenómeno a partir de Septiembre del año 2004, cuando los titulares de toda la prensa española e internacional, se hicieron eco del famoso caso del chico de catorce años Jokin Zeberio, el cual tras sufrir durante años numerosas humillaciones, insultos, golpes y palizas por parte de sus compañeros, decidió acabar con su vida lanzándose al vacío con su bicicleta desde lo alto de la muralla de Hondarribia.

Otro caso de gran repercusión social, fue el caso del colegio Suizo de Madrid, donde un padre tras observar en una grabación como a su hijo de diez años es golpeado por dos compañeros de clase hasta un total de 21 veces mientras una compañera  grita “mátalo”, procedió a demandar a dicha institución.

Sin embargo, a pesar de que estos casos causaron gran expectación por la gravedad de las acciones, el acoso escolar se caracteriza por ser un fenómeno donde la víctima lleva en silencio la carga de ser continuamente vejada y maltratada, permaneciendo dichos actos ocultos para la administración y en ocasiones para sus padres.

La preocupación en nuestro país acerca del fenómeno, no hay que limitarlo exclusivamente a los padres, o centros educativos. El acoso entre escolares, no es un fenómeno nuevo, pero si alcanza proporciones que llegan a preocupar no solamente a los padres, sino a las administraciones. Prueba de ello, es la creación del Observatorio Estatal para la Convivencia Escolar y la adopción de medidas similares en el conjunto de las regiones de España. (Cerezo y Ramírez, 2008).

Es indudable cómo ante casos de este tipo, surge un enorme interés por el fenómeno del maltrato escolar, aumentando de forma espectacular la información en todos los medios de comunicación y llegando a las esferas sociales y políticas de todo el ámbito social, intelectual y político, provocando como consecuencia un esfuerzo a la hora de frenar el fenómeno desde las aulas y desde el entorno familiar. Aunque es cierto que dichos esfuerzos han controlado el problema, encontrándose cada vez mas información y mas ayuda por parte de las administraciones y centros escolares, puede decirse que  dicho fenómeno, lejos de disminuir en intensidad o fuerza se está incrementando, no ya en las aulas o barrios del acusado, sino en su propio hogar a través de las nuevas tecnologías que traen consigo el auge de las poderosas redes sociales, un fenómeno que se conoce con el nombre de Cyberbullying y que presenta gran dificultad a la hora de detectar la aparición de dicho problema, así como de poder controlarlo.

 

Juan José Carral Hernández

 

 

 

 

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